Sabariego

 

Bailarina

Ancestral y legítima. La danza.

Nos reconcilia con la vida. Nos enamora y devuelve al seno profundo de la tierra.

Es aire, es fuego, por unos instantes disuelve y transforma nuestro cuerpo en sus elementos primigenios, partículas en suspensión que de nuevo se confunden y nos pone en comunión con un entorno del que nunca debimos separarnos.

Al menos fugazmente, cierra la terrible brecha que jamás debió abrirse.

Danza mujer, nadie mejor que tú sabe de la vida.

 

Oleo sobre lienzo
81 x 60 cm
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