Sabariego

 

Arlequín

Trás las bambalinas, trás los fuegos artificiales, las luces y los colores. Nos quedamos solos, desnudos, asomados a esa cruel y terrible certeza.

El descubrimiento del sinsentido, del absurdo de la existencia y del mundo, es el descubrimiento de su gratuidad y su contingencia: igual podiamos existir que no, y sin embargo existimos.

No elegimos la existencia, sino que fuimos arrojados a ella. Desde ese momento, la única cuestión filosóficamente relevante es el suicidio. Si merece o no la pena vivir esta vida.

En todo caso, cualquier respuesta carece de connotaciones heróicas, ni cobardes, se nos aparece serena y desapasionada, coincidiendo más con la actitud indiferente del extranjero de Camus, pues como ya dijo Kundera. " El fin no es una explosión apocaliptica. Probablemente no haya nada más apacible que el fin"..

Si. No somos más que un cúmulo de casualidades y coincidencias. Pero también, justo hoy y aqui, arrastramos una historia que nos precede, que nos obliga, y nos trasciende.

Y es esa extraña dualidad, entre permanecer o abandonar, ese vertiginoso equilibrio entre fuerzas centrípetas y centiifugas, que amenazan con rompernos. Esa angustia, que solo se supera a traves de la síntesis dialectica del arte. El único que nos ayuda a vivir de manera medianamente poética sobre este yermo páramo.

 

 

Pastel sobre papel
64 x 49 cm
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